Santos Abelardo Vergara no imaginaba que algún día volvería a la Universidad Nacional de Salta para recibir una de las distinciones más importantes de su trayectoria. Mucho menos aquel joven que llegó tarde a la escuela, que sentía vergüenza de hablar y que durante años encontró en una biblioteca popular el lugar donde aprender las palabras que todavía no conocía.
Nacido en San Ramón de la Nueva Orán, creció en un barrio humilde, rodeado de familias provenientes de Bolivia, los cerros y el Chaco. Su infancia estuvo lejos de los libros y de las aulas. Pero cuando descubrió la lectura, algo cambió.
Trabajaba medio día y durante tres años pasaba las tardes en la biblioteca. Con un pequeño cuaderno anotaba las palabras que no conocía. Leía, marcaba frases, copiaba textos y volvía sobre los libros. No tenía una metodología, pero tenía algo más importante: las ganas de aprender.
Yo quería sentirme seguro”, recuerda.
Con el tiempo, la literatura dejó de ser solamente aquello que leía y comenzó a convertirse en aquello que quería hacer. En la escuela secundaria, un profesor de historia descubrió sus dibujos y lo convocó para ilustrar un libro. Fue también quien le hizo mirar su propia ciudad de otra manera: en Orán había mucho por hacer.
Santos decidió quedarse.
Un primer paso que cambió su camino
Cuando llegó el momento de elegir una carrera, entre el arte y las Letras apareció la Universidad Nacional de Salta. Se inscribió en el Profesorado de Letras y allí comenzó una etapa que marcaría para siempre su vida.
En 1985 se graduó como Profesor en Letras. Ese mismo año publicó su primer libro de cuentos.
Pero cuando recuerda aquellos años, no habla solamente de lo aprendido en las aulas. Habla de las personas.
“Esta universidad fue para mí muy humana”, afirma. Recuerda a los profesores que lo alentaron, a sus compañeros y también a quienes,
desde lugares que muchas veces pasan inadvertidos, hicieron más fácil su recorrido.


“Siempre sentía el empujón que me daban los profesores, los compañeros, pero hasta el portero que separaba esa hoja de la fotocopia que no andaba, lo encuadernaba con los broches y me daba para comer”, cuenta.
Después de graduarse continuó vinculado a la Universidad y ejerció la docencia durante años. Cuando la carrera de Letras dejó de dictarse, eligió otro camino: quedarse en Orán y trabajar desde la cultura.
Desde entonces construyó una trayectoria de más de cuatro décadas vinculada con la literatura, las artes plásticas, la docencia y la gestión cultural. Creó y acompañó espacios para escritores y artistas, impulsó publicaciones y talleres y participó en la realización de distintos monumentos en su ciudad.
Uno de ellos fue el Monumento al Aborigen. Vergara nunca había estudiado formalmente escultura. Aprendió haciéndolo. La obra nació de una preocupación que conocía de cerca: la invisibilización de las comunidades indígenas.
El monumento terminó siendo mucho más que una obra artística. Después de su inauguración, miles de personas de distintas comunidades se reunieron allí para realizar sus propios rituales.
“Yo, obviamente, profundamente emocionado, porque no creía que iba a lograr ese resultado”, recuerda.
Su historia se construyó así: aprendiendo, intentando, equivocándose, volviendo a empezar y, sobre todo, haciendo algo con aquello que había aprendido.





Santos Vergara, Profesor Honorario de la UNSa
El 11 de septiembre, Santos Abelardo Vergara volvió a la Universidad Nacional de Salta. Esta vez lo hizo para recibir el diploma que lo distingue como Profesor Honorario de la UNSa, una distinción que reconoce su trayectoria literaria, artística y docente y su aporte a la cultura del norte salteño.
La ceremonia tuvo lugar en el Anfiteatro A de la Facultad Regional Orán, la misma institución donde se formó como Profesor en Letras y donde ejerció la docencia hasta su jubilación.
El reconocimiento vuelve a encontrarlos en el mismo lugar, pero en momentos diferentes de una misma historia.
Aquel joven que buscaba palabras en los libros hoy regresa a la Universidad con una trayectoria construida a través de esas palabras. Aquel estudiante que alguna vez necesitó que otros creyeran en él hoy es reconocido por una institución de la que también forma parte de su historia.
Y quizás allí está una de las claves de su recorrido.
Porque muchos llegan a la Universidad sin saber exactamente hasta dónde pueden llegar. Llegan con dudas, con dificultades, con una historia detrás y con sueños que todavía no tienen nombre. Y en el camino encuentran profesores, compañeros, trabajadores y oportunidades que ayudan a dar el siguiente paso.
Santos Vergara dio aquel primer paso en la UNSa. Después llevó lo aprendido de vuelta a su comunidad y lo convirtió en libros, arte, educación y cultura.
Por eso, cuando le preguntan por el camino recorrido, elige una frase sencilla:
“Da el primer paso, y Dios te ayudará a dar el resto”.
Una frase que también puede contar la historia de tantos estudiantes y graduados de la Universidad Nacional de Salta: empezar sin saber exactamente dónde termina el camino, pero animarse a dar el primer paso.









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