Historias que Conectan, Capítulo 6: Heredar Memoria: semillas que brotan

Mariana Gamboa Fernández, hija de Gemma Fernández y Héctor Gamboa, desaparecidos en la Dictadura Cívico Militar. A sus 50 años, nos comparte su historia atravesada por la Memoria, la lucha y el silencio que decidió romper para seguir construyendo identidad. Además, conocemos a “Nena” su mamá de corazón quien se encargó, junto a su tío, de criarla y contarle su historia.

Con solo 5 meses de vida fue dejada en el jardín de un vecino.A mí me llevan con ellos y me dejan en la esquina, en el jardín de la casa de una familia, Figueroa, que me rescatan porque no sabían qué era. Era como un bulto en la noche. Vieron tipos con armas largas, o sea, vieron todo el operativo. La noche del 24 y 25 de septiembre acá, muchos docentes y militantes compañeros fueron secuestrados por la patota de la inteligencia que manejaba tanto policía, gendarmería, policía federal y ejército.”

Mariana es una de las fundadoras de “H.I.J.O.S.”; Licenciada en Trabajo Social, docente universitaria desde hace casi 20 años, desempeña tareas de extensión en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. En sus trabajos aborda la problemática socioambiental y aquellas dificultades que atraviesan las comunidades campesino-indígenas más pobres del Norte de Córdoba.

Es mamá de Gemma, Salvador y Nuria; y en medio de una vida compleja se dedica a su trabajo y al activismo, donde transversaliza las luchas del feminismo, los Derechos Humanos y la Memoria. 

¿Quienes eran sus padres? 

Gemma Fernández: Licenciada en Antropología, docente de la Sede Tartagal, cesanteada en el 75`. Su cuerpo fue reconocido en el año 79 por un pedazo de maxilar. “Mi mamá no es desaparecida, sino es asesinada por el terrorismo de Estado de Salta” dice Mariana al recordar a Gemma. 

Hector Gamboa era tucumano y estudiaba Derecho en la Universidad de Tucumán. “Trabajó fuertemente vinculado a la extensión, en un proceso del Ministerio de Trabajo que iba a visitar a los trabajadores rurales.” resalta su hija. Sus restos aún no fueron localizados, se presume que se encuentran en una fosa común en el Cementerio de la Cruz.

Mariana, supo desde los seis años que sus padres estaban desaparecidos, y a lo largo de los años fue haciéndose muchas preguntas: ¿quiénes eran? ¿Por qué les pasó lo que les pasó? ¿Por qué me pasó eso a mí? “Cuando podés generar una respuesta colectiva y pensar que sos parte de una generación víctima de un proceso político y criminal. El genocidio como el dispositivo de eliminación del otro diferente, del opositor. Me parece que es como poder comprender un poco el juego democrático y que la política nos constituye como activos”.

El genocidio 

Mariana describe “ese atravesamiento del genocidio que vivimos, parte de la generación que hoy tiene la edad mía, a 50 años del golpe, es un continuo de un proceso que nosotros le decimos de terrorismo de Estado, que en muchos momentos de la historia de este suelo tomó como protagonista el Estado. Y nosotros somos una continuidad en términos de víctimas de un genocidio”. 

Al referirse a la generación de sus padres dice “era una generación que intentó que la cosa fuera distinta. Y le puso el cuerpo a eso. No es que dieron la vida, porque a ellos se las arrebataron. Ellos creían que la vida había que vivirla intensamente, pero no eran mártires. La historia los convierte en personas que pierden la vida. Porque hay una acción sistemática y de mucha violencia política que se encarna en secuestrar, matar, robar bebés, generar centros de detención clandestinos”

Además reflexiona que “fue muy poco lo que pudimos construir en términos de sociedad más justa. El olvido social también tiene que ver con esta disputa por seguir pensando en la memoria como las acciones de quienes alguna vez pensaron en una sociedad más justa.”

Seguir trabajando la Memoria 

En el contexto actual que atravesamos como sociedad, Mariana resalta la necesidad de considerar la memoria como aquello que nos transversaliza, en particular su vida por tener a su  papá y mamá desaparecidos. 

“Si uno no sabe dónde viene, muy difícil va a poder saber a dónde va”. Siendo docente universitaria, Mariana resalta la importancia de recuperar memorias ancestrales, más locales que nos van a dar una línea de futuro. Asimismo, considera que “las memorias son también la memoria de la tierra en la que uno decide vivir y esas memorias tienen que ser parte de nuestra subjetividad”.

Asegura que en el ámbito de la educación cada estudiante y cada camada es distinta, pero desde su lugar intenta conmover a sus estudiantes y que ellos se conmuevan con preguntas en relación de dónde vienen y hacia dónde quieren ir.  La formación en la universidad pública permite crear andamiajes que conciban que un cuerpo social puede construir un futuro distinto.

A 50 años del Golpe Civico Militar, Mariana concibe que los juicios de Lesa Humanidad fueron una vía para “sentir una reparación que el Estado reconoce que hizo. Entonces, esa reparación que te dan los juicios te devuelve mucha memoria, te constituyen también como alguien que puede decir y contarle al otro que tenés esas documentaciones”.

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