Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico. Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico.

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ISSN 1669-9041
Es una publicación anual de la Escuela de Historia para contribuir a la divulgación del conocimiento histórico.
Universidad Nacional de Salta
 


REVISTA 6

ESCUELA DE HISTORIA
Año 6, Vol. 1, Nº 6, Año 2007
 

Artículo


 

Incahuasi, el de la “Silla del Inca”, recientes investigaciones y nuevos aportes

 (Recent research and new contributions to the study of incahuasi, the one of the Inca’s Chair)

 Christian Vitry chvitry@gmail.com, Silvia Soria silsoria@gmail.com, Gabriela Pitzzú gpitzzu@yahoo.com.ar, Rodrigo Esparrica resparrica@yahoo.com.ar y Fernanda López fer_48_ar@yahoo.com

Proyecto Nº 1634, Estudio de la ocupación y de los procesos sociales en la cuenca de la quebrada del Toro y Sierra de Chañi durante los siglos X al XVII. Consejo de Investigación de la Universidad Nacional de Salta (CIUNSa). Universidad Nacional de Salta. Facultad de Humanidades, Escuelas de Historia y  Antropología; Facultad de Ciencias Naturales, Escuela de Geología. Avda Bolivia 5.500. 4.400. Salta. RA.

 

Resumen: Damos a conocer los avances de investigaciones abordadas en el sitio Incahuasi (quebrada de Incamayo, provincia de Salta). Dicho asentamiento fue dado a conocer a principios del siglo XX y fue estudiado parcialmente por diferentes investigadores.

La obtención del plano general de sitio y algunas observaciones realizadas a partir del relevamiento de su arquitectura posibilitaron confirmar la preexistencia del asentamiento durante períodos preincas y su posible función al interior del sistema de sitios del Período Inca. Hasta el momento Incahuasi representa el sitio de mayor envergadura constructiva en la región, con edificaciones de carácter administrativo y localizado en un lugar estratégico en el paisaje social de los incas.

 

Abstract: We released the new advancements in the research taken place in the Incahuasi area (gorge of Incamayo in the province of Salta). This settlement, discovered in the early 20th century, was partially studied by different researchers.

The possibility of having the general plan of the place along with some observations of the local architecture allowed us to confirm the pre-existence of the settlement during pre-inca periods and its possible use in the interior of the system of sites of the Inca Period.

Up to now, Incahuasi is the place with the biggest constructed area in the region with buildings for administrative purpose which are placed in a strategic place of the social landscape of the Incas.

 

Palabras clave: Silla del Inca; Centro administrativo; Plano de Incahuasi; Incas; Arqueología del paisaje.

Key Words: Inca’s Chair; Center administrative; Plan of the Incahuasi site; Incas; Archaeological landscape.


Introducción 

 

El presente trabajo tiene como objetivo dar a conocer los avances y algunos resultados parciales de las investigaciones realizadas en la cuenca de la quebrada del Toro en general y el sitio arqueológico Incahuasi en particular, en el marco de los proyectos Nº  1537 y 1634 del Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional de Salta.

A través de estas investigaciones se aspira a lograr una caracterización del sistema de sitios de la cuenca de la quebrada del Toro durante los siglos X al XVII, poniendo énfasis en el análisis del paisaje cultural, su asociación con el registro arqueológico y con fuentes documentales diversas. Se busca identificar regularidades en las evidencias materiales e inferir sobre la construcción social del espacio en los diferentes períodos estudiados.

El modelo de ocupación durante el siglo XII para la quebrada del Toro fue asociado a sitios con patrones constructivos de características homogéneas (Boman, 1908[1] ; Von Rosen, 1957[2] ; Cigliano, 1973[3] ; Cigliano y Raffino, 1977[4] ; Raffino, 1988[5] ). Nuestras investigaciones sugieren, en cambio, que al interior de los asentamientos se registran modalidades formales diferenciales que muestran heterogeneidad. La diversidad asumida por estos autores como contemporánea muestra sitios multicomponentes (Soria, 2003[6] , 2004[7] , 2005[8] y 2007[9] ; Soria y Vitro, 2004[10] ; Vitry y Soria, 2007[11] ).

Nuestra investigación e interpretación del registro material arqueológico presente en la cuenca de la quebrada del Toro, por otro lado, puso en evidencia la presencia incaica en la región, y como consecuencia de lo anterior surgieron nuevas propuestas sobre el modelo de ocupación y los posibles conflictos sociales ocurridos especialmente durante los Períodos de Desarrollos Regionales (1000 DC. y 1450 DC.) e Inca (1450-1532 DC).

A modo de hipótesis se plantea que los Incas incorporaron las diferentes poblaciones locales al sistema tributario estatal y reordenaron los sistemas productivos, potenciaron la posición estratégica de la quebrada del Toro siendo Incahuasi un centro administrativo localizado en un lugar apropiado a los fines de la geopolítica inca. Los motivos de la elección de Incahuasi pudieron haber estado relacionados con la comunicación, la movilidad y el control estatal (La Lone y La Lone, 1987[12] ; Mulvany, 1995[13] )

El proceso de re-territorialización condujo a la creación de una nueva estructura espacial acorde con los objetivos sociales, políticos y económicos, la cual se puede observar en el paisaje. Los Incas marcaron material y simbólicamente su espacio en relación al preexistente, imprimiéndole una nueva dinámica y desarticulando a Tastil como el principal asentamiento poblacional de la región, como también a los poblados vinculados a éste. La etnohistoria revela que los incas, a lo largo de los Andes, implementaron una serie de medidas orientadas hacia el desarrollo de políticas de control sobre las diferentes etnías, las cuales afectaron no solo la autonomía económica y política de los grupos incorporados al Tawantinsuyu, sino también las relaciones interétnicas que durante mucho tiempo mantuvieron con otros grupos.

La región de la cuenca del Toro pareció tener un especial interés para los cusqueños debido a la potencialidad de los recursos naturales (minerales, campos de cultivo, áreas de pastoreo, ganado) y densidad poblacional, ambos factores de gran importancia en la economía estatal y política expansionista incaica (D`Altroy y Earle, 1985[14] ; Le Vine, 1987[15] ; Mulvany, 1995[16] ).

En este contexto regional, el sitio arqueológico Incahuasi que es el objeto de la presente entrega, debió haber cumplido un rol importante como centro administrativo inca, localizado en un lugar estratégico que vinculaba diferentes regiones como la Puna, el Valle de Lerma, la quebrada del Toro y el Valle Calchaquí.

 

Antecedentes

 

El sitio Incahuasi cuenta con relativamente pocos antecedentes relacionados con estudios arqueológicos. A finales del siglo XIX y principios del XX fue objeto de las primeras exploraciones por parte de eruditos e intelectuales como Martín Leguizamón[17] , Carlos Burmeister[18] , Eric Boman[19] , Walter Aiotz[20] quienes aportan datos aislados y no realizan estudios sistemáticos. Atilio Cornejo[21] efectúa excavaciones y estudia las fuentes documentales relacionadas con el sitio. Otros autores que mencionan a Incahuasi son León Strube Erdmann[22] , Víctor Arias[23] , Francisco de Aparicio[24] , Alberto Rex González[25] y Rodolfo Raffino[26] . El primer plano parcial del sitio y estudio arqueológico que intentó generar mayor información fue el de Ana  Fernández[27] , y en los últimos años Christian Vitry[28] incorporó a Incahuasi en el estudio de la vialidad incaica y la problemática relacionada con el conflicto social ocurrido ante la llegada de los cusqueños a la región.[29]

Confirmado por las fuentes, Incahuasi fue parte del trayecto seguido por los primeros españoles que ingresaron al Tucumán. “Incahuasi debió ser, pues, algo así, como un punto estratégico; una encrucijada de los caminos indígenas que llevaban hacia Chile, hacia el Alto Perú y Hacia el Chaco; hacia Atacama, Calchaquí y Salta respectivamente.” (Cornejo, 1937:210).[30]

En 1535 ingresa Diego de Almagro “En búsqueda de nuevas riquezas [...], siguiendo el camino del Inca se introduce en el Valle Calchaquí y de allí pasa a Chile. De esta primera incursión española en el Valle sólo habrían quedado en Chicoana algunas gallinas de Castilla...” (Mata de López, 1993:49).[31]

Siguiendo los pasos de Almagro, Diego de Rojas (1542) se introduce en el Tucumán. Su destino era Chile, pero desde el Valle se dirigió al Tucumán actual, en donde encuentra la muerte con una flecha envenenada.

Acerca de las primeras mercedes de tierra y solares de Salta, Atilio Cornejo informa que en un documento del año 1584 se otorga una merced a los hijos del teniente gobernador, capitán D. Bartolomé Valero, en un “... pedazo de tierra el cual se extienda desde media legua más acá de una Silleta que hace la Cordillera Grande, la cual se ve desde esta Ciudad hasta un Poblezuelo Viejo que está delante de la dicha Silleta”. (Cornejo, 1945:210),[32] y asevera este autor que en dichas tierras se localiza el sitio Incahuasi.

En un documento del  año 1631, citado por A. Cornejo, el gobernador Albornoz,  en su entrada a Salta y habiendo pasado por el sitio, denominaba a los indígenas del lugar como pueblo de Inlacatan.

Hacia 1767 el presbítero Juan José Arias Rengel firma una escritura ante las autoridades pertinentes, documento en donde  Potrero de Incahuasi y Estancia La Silleta se ven afectados a una Capellanía e imponen una suma de 3.000 pesos. Esta propiedad fue heredada de su padre D. Tomás Arias Rengel. La capellanía era una forma de contribución que se hacia a la Iglesia. Esta  implicaba que  “Al morir, un colono legaba una suma de dinero a un convento determinado a cambio de servicios espirituales que éste le prestaría: Capellanías de misas por el difunto, bien como dote para las hijas que aún no se hubieren casado o cualquier otra forma de legado. Si éste consistía en dinero, el beneficiario lo invertía generalmente en censos. Si el legado era una propiedad, el beneficiario la trabajaba directamente o la arrendaba a un tercero...” (Barnadas, 1990:200).[33] Efectivamente el presbítero Arias Rengel impone la celebración de una misa mensual por sus padres y la fiesta en honor a San Bernardo; establece también el sostenimiento con dicha capellanía del templo de San Bernardo y el Hospital (actual Convento de las Carmelitas Descalzas). Nos preguntamos si esta advocación guarda también vinculación con el paraje San Bernardo de las Zorras en la quebrada del Toro y su capilla.

La última mención en el trabajo de Atilio Cornejo es un documento del año 1848, en donde las autoridades del momento ordenan “... la venta pública de la finca capellánica conocida por el `Potrero de Ingahuasi’ perteneciente al extinguido Hospital...” (Cornejo, 1945:200).[34] Esto, de acuerdo a las leyes que permitían la enajenación de fundos capellánicos. Es así que el remate se realiza finalmente en marzo de 1851 ante el escribano D. José Francisco Niño, quien vende de D. José María Todd la propiedad en la suma de 2.000 pesos a D. José María Uriburu y Hoyos.

E. Boman en 1903[35] menciona a Incahuasi cuando habla de las calzadas prehispánicas que parten de Morohuasi, lamentándose no haber tenido ocasión de visitar las ruinas. 

León Strube Erdmann estuvo en Incahuasi pero lo refiere superficialmente cuando comenta: "En nuestra visita a Incahuasi y en demanda del campamento del Dr. Keidel (1921), tuvimos la suerte de gozar del panorama grandioso que nos ofrecían los flancos de los nevados y la recta impecable del camino incaico por la pampa de Carachi, en dirección a Morohuasi…" (Erdmann, 1963:89).[36]

A estos antecedentes debemos agregar otros importantes aportes realizados por Martín Leguizamón, quien en 1876 recibió una medalla de plata de la Sociedad Científica Argentina por sus investigaciones en Incahuasi, fundamentalmente basadas en la recolección de objetos arqueológicos que, de acuerdo a la descripción realizada por Ameghino[37] , son de filiación incaica. Leguizamón realiza una descripción general del sitio y, como la mayoría de los investigadores, se detiene en el rasgo dominante: la silla. Este es el primer estudio donde se da a conocer Incahuasi en su totalidad de manera generalizada y no cuantificada; lamentablemente no se realizó ningún plano del mismo. El Gobierno de la Nación a través de la Dirección de Minas envía primero al  doctor Carlos Burmeister en 1890 y años después, en 1915, al ingeniero Walter Aiotz, para realizar estudios del sitio, pero con el énfasis puesto en los recursos naturales vinculados a la minería y agricultura. A estos informes sólo se los puede considerar como antecedentes de visitas al sitio pero sin aportes sustanciales en tanto generación de nuevos datos referidos a Incahuasi.

En 1916 Atilio Cornejo realiza excavaciones, investiga el sitio y realiza detalladas descripciones arquitectónicas y constructivas del recinto donde se encuentra la “Silla del Inca”, publicando por primera vez una fotografía del recinto llamado “casa de Inca”.  Integra al sitio en la red vial prehispánica de la región relacionándolo con el altiplano, los Valles Calchaquíes, el Valle de Lerma y el sitio arqueológico de Tastil; asimismo, menciona la presencia de cerámica de estilo peruano, describe la “garita” o puesto de observación ubicada en las lomadas occidentales del sitio y reúne los antecedentes históricos y arqueológicos existentes hasta el momento. Por último, cabe reseñar el aporte del ingeniero Víctor Arias, quien en 1925 también estudió las ruinas de Incahuasi pero, como el resto de los antecedentes mencionados, tampoco genera un plano o un nuevo aporte descriptivo del sitio o sus inmediaciones; la visita al lugar se limitó a la recolección de piezas (R. Vitry, 1993).[38]

Ana María Fernández[39] (1978) realiza el primer estudio arqueológico enmarcado en un proyecto de investigación de la Universidad Nacional de La Plata y Museo de Ciencias Naturales. Como resultado de sus investigaciones publica un plano parcial de Incahuasi focalizado en el sector correspondiente a la “Silla del Inca”. Lamentablemente, por falta de presupuesto y debido a la poca accesibilidad del sitio, este proyecto no tuvo continuidad, habiendo quedado mucha información sin publicar.

C. Vitry[40] (2000) realiza el estudio de la caminería inca en la quebrada del Toro, donde prospecta dos tramos que parten de Incahuasi en dirección Sur y Suroeste y se dirigen hacia la quebrada del Toro. El primero asciende por una alargada pendiente lateral de varios kilómetros de longitud hasta el Abra del Gólgota, salvando un desnivel de mil metros, para descender nuevamente hasta la localidad de Ingeniero Maury en la quebrada del Toro.  El otro camino desciende suavemente por las laderas de la margen izquierda de la quebrada de Incamayo. Releva, asimismo, el camino que en dirección Este se dirige al Valle de Lerma, pasando por el Abra Planchones, Abra Grande y la quebrada de Usuri hasta Potrero de Linares (Mapa 1). La ubicación permite inferir la importancia de Incahuasi, ya que en la fértil quebrada convergen cuatro caminos incaicos que vinculan diferentes paisajes y ecosistemas como son el Valle de Lerma, la Puna y los Valles Calchaquíes en sus sectores Norte y Sur.

A partir de este último estudio se confirma que Incahuasi se encuentra articulado al sistema de asentamiento inca en la región, a través de la vialidad y por sitios de diferente porte y características funcionales que responden a las directivas del Estado Inca.

Transcurrieron 131 años desde las investigaciones pioneras de Juan Martín Leguizamón y, como vimos, fueron numerosos los investigadores que incursionaron por Incahuasi. Sin embargo, los vacíos de información son importantes debido fundamentalmente al tipo de estudio realizado por los investigadores citados, quienes sólo mencionan al sitio o lo describen a grandes rasgos. En este sentido, el presente artículo inicia nuevos estudios sistemáticos sobre el área y sitio Incahuasi. Si bien esta primera entrega constituye un avance en las investigaciones, la obtención de un plano general resulta de fundamental importancia para el estudio que se aspira en el futuro alcanzar, con la finalidad de comprender la dinámica social ocurrida antes, durante y después del dominio inca en la región.

 

El sitio Incahuasi

 

El sitio arqueológico de Incahuasi se encuentra ubicado sobre la quebrada de Incamayo, que es un afluente de la quebrada del Toro, en un lugar de difícil acceso donde no existe ruta vehicular. Para acceder al mismo se ingresa por el paraje Ingeniero Maury, ascendiendo el cerro Gólgota y descendiendo hasta la quebrada de Incamayo, a través de una senda de herradura que reutiliza un camino arqueológico (Mapa 1). En sus cercanías no existe población asentada; sólo hay un puesto temporal de la familia Lamas que está ubicado sobre parte de las ruinas reutilizándolas como corrales.

Mapa 1: Ubicación de Incahuasi y su relación con los caminos incas.

 

En Incahuasi se pueden identificar hasta el momento dos ocupaciones prehispánicas: una del Período de Desarrollos Regionales (1000 DC y 1450 DC) y otra del Período Incaico. A partir de sus atributos arquitectónicos se pueden distinguir estos dos momentos cronológicos. Durante el período de dominación inca (1450-1532 DC) Incahuasi, que poseía una importante ocupación previa, fue integrado políticamente al Tawantinsuyu y físicamente a la red vial, conformando junto a otros sitios del Valle Calchaquí y la Puna jujeña un centro administrativo y de poder que configuró un nuevo paisaje cultural y dinámica geopolítica.

El asentamiento ocupa 8 hectáreas y puede describirse a partir de cuatro sectores diferenciados en su arquitectura y distribución en el espacio, que se presenta restringido por lomadas definidas por cauces fluviales provenientes del Este para los sectores A, B y C, y cauces del Oeste para el D (figura 1).

 

Figura 1: Plano general del sitio arqueológico Incahuasi, ubicado entre lomadas separadas por cauces temporarios de agua tributarios del río Incamayo.

 

Sector A

 

Está ubicado hacia el Noreste en una lomada sobre la margen izquierda del río Incamayo, que desciende desde el Abra de la Cruz y se une con el río Pascha (Figura 1). En este sector se puede diferenciar hacia el Sur un conjunto constructivo correspondiente a un semiconglomerado de recintos asociados, dispuestos sobre plataformas artificiales aterrazadas sobre la ladera de la lomada. Las características arquitectónicas y constructivas son similares al sistema de sitios del período Desarrollos Regionales de la región, con algunos recintos modificados y reutilizados durante el Período Inca y posiblemente colonial. Hacia el Norte, separada por una distancia de 100 metros, se ubica a media ladera una estructura de forma rectangular con paredes divisorias y cimientos asociados en mal estado de conservación. En la parte baja, sobre la terraza aluvial del río Incamayo, y a unos 30 metros al Oeste de estas estructuras, se localiza un recinto donde se emplaza la llamada “Silla del Inca” (Figura 2 y Foto 1 y 2). Se trata de un recinto rectangular que conserva parte del techo, revoque de barro, hornacinas trapezoidales y vano trapezoidal de acceso (Cornejo, 1937[41] ; Fernández, 1978[42] ; Raffino, 1981[43] , Vitry, 2000[44] ). Aunque es atribuida al momento estatal, es factible que el adosamiento de la silla haya sido posterior a la construcción del recinto. De la parte posterior del recinto se desprende un muro abierto, de forma cuadrangular, que delimita un espacio a modo de patio en relación con la estructura. Estas estructuras de la parte Norte del sector A forman un conjunto que, por las características de edificación, corresponde al momento inca. Asimismo, el sector fue objeto de múltiples remociones a través del tiempo debido a su localización y proximidad al agua y tierras fértiles, lo que motivó su permanente ocupación hasta la actualidad.

El camino prehispánico atraviesa el sector a modo de calle, respetando la edificación y recintos (Figura 2).

 

Figura 2: Sector A de Incahuasi, ubicado al NE, en el cual se emplaza la “Silla del Inca”.

 

Foto 1: Edificio en cuyo interior se encuentra la “Silla del Inca”.

 

 

Foto 2: Estructura conocida como “Silla del Inca”, ubicada en el Sector A del sitio Incahuasi. Posee dos nichos laterales pequeños y uno central de mayores dimensiones, el cual fue reutilizado como respaldo de la silla en tiempos posteriores al dominio inca. Es la única estructura de todo el sitio que conserva sus paredes y parte del techo.

 

Sector B

 

Está ubicado al Sudoeste del sector A, entre dos cauces de arroyos temporales provenientes del Este que tributan al río Incamayo, que pasa por el Norte del asentamiento en este sector (Figura 1). Se encuentra sobre una ladera cuyo piso fue nivelado artificialmente y sobre el cual se construyó una serie de edificios de filiación inca alineados en torno al camino que en este sector ingresa al sitio desde el Este, para continuar con la misma disposición hasta el sector A.

Al Norte del camino hay una estructura rectangular alargada de aproximadamente 70 metros de longitud por dos metros de ancho, con muros divisorios que delimitan recintos que poseen ventanas trapezoidales abiertas hacia el Norte (foto 3 y 4). En el extremo Oeste se desprenden muros que conforman un patio con un recinto en una de sus esquinas (Figura 3).

Hacia el Sur del camino hay dos conjuntos de estructuras y al Oeste tres recintos de forma rectangular de diferentes dimensiones, siendo dos de ellos más pequeños y conservando parte de los hastiales a dos aguas con hornacinas y vanos de acceso de forma trapezoidal. Al Este y subiendo la ladera se emplaza un recinto de forma rectangular alargada con un vano de acceso hacia el Norte; su lado Oeste no está definido debido al colapso del muro y se aprecia un muro que se desprende del mismo.

Hacia el Este, se destaca un tercer conjunto de estructuras que conforman un recinto perimetral compuesto (RPC) con estructuras asociadas, ubicados sobre una pendiente fuerte que fue nivelada (Figura 3).

Ladera arriba de todo este sector se localizan relictos de muros aterrazados, algunos de los cuales poseen cimientos visibles de estructuras rectangulares y circulares.

Figura 3: Sector B del sitio arqueológico Incahuasi, lugar donde se observó la mayor concentración de estructuras de filiación inca. El camino (línea entrecortada) estructura el espacio incaico al interior del sitio.

 

Foto 3: Estructura rectangular alargada vista desde el Este. La persona está sobre el camino inca.

Foto 4: estructura rectangular alargada vista desde el Norte.

 

Sector C

 

Está ubicado en el extremo Sudoccidental del sitio y ocupa la parte alta y media de una lomada que remata en el río Incamayo (Figura 1). Se distinguen tres conjuntos de estructuras. En la parte alta de una lomada se emplazan cuatro estructuras circulares que oscilan  entre los cuatro y ocho metros de diámetro. Desde ellas se tiene una visibilidad directa de todo el sitio Incahuasi a unos 200 metros de desnivel (Figura 4).

Sobre la margen derecha de un cauce seco de río y en lo alto de una barranca, en un sector restringido, se localizan 19 recintos circulares agrupados, los que parecen constituir tumbas que fueron saqueadas (Figura 5). En la margen opuesta se registró otro conjunto semejante pero con menor cantidad de recintos.

El tercer conjunto se localiza en la parte baja de la ladera, junto al río Incamayo y la confluencia del arroyo Seco, que baja del los sectores descriptos anteriormente. Se caracteriza por muros aterrazados en diferentes niveles.

 

Figura 4: Sector C, ubicado en el extremo SW de Incahuasi.

 

Figura 5: Detalle del área de tumbas correspondiente al sector C de Incahuasi.

 

Sector D

 

Este sector de encuentra sobre la margen derecha del río Incamayo, en la parte alta de una lomada, exactamente al frente del sitio en sus sectores A y B (Figura 1y Figura 6).

Está formado por un área de muros discontinuos aterrazados a media ladera; en una lomada se distingue, además, una construcción que es muy visible desde los sectores A, B y C del sitio. La estructura está sobre una plataforma cuadrangular y tiene una forma de torre subrectangular cuyas paredes están construidas en barro sobre una base de rocas seleccionadas. Posee una abertura orientada hacia el Sur y remata en un techo abovedado, parcialmente colapsado; la abertura está definida por un dintel de laja con una cobertura de barro. Es conocida en la literatura como “garita” o puesto de observación (Foto 5).

Figura 6: Sector D, ubicado sobre una lomada de la margen derecha del río Incamayo.

 

Foto 5: Garita o puesto de observación que se ubica sobre una lomada al frente de Incahuasi en dirección Noroeste.

 

Discusión final

 

El sitio arqueológico Incahuasi está fuertemente arraigado en la población local y es conocido popularmente por una única habitación, la que alberga en su interior un asiento conocido como “Silla del Inca”. Como hemos indicado más arriba dicho sitio dista mucho de estar circunscrito a una sola estructura, ya que son 8 hectáreas en las que se extiende el área relevada del asentamiento hasta el momento.

Posiblemente, y como resultado de nuestras investigaciones, surge como hipótesis de trabajo futura, susceptible de someter a prueba con test estratigráficos y cronológicos, y un estudio comparativo de la cerámica en superficie, que el sitio Incahuasi no se restringe a la ocupación Inca, sino que posee una ocupación más prolongada en el tiempo, tanto anterior al Período de Desarrollos Regionales como posterior a la ocupación inca. Como mencionáramos en el acápite de antecedentes, existen documentos coloniales donde el área de Incahuasi es mencionada dentro de las mercedes de tierras, lo cual permite pensar en la posibilidad de que algunos sectores del sitio fueran reocupados y modificados durante la Colonia y posteriormente.

Al respecto, pensamos que el asiento conocido como “Silla del Inca”, en el sector A del sitio, pudo ser posterior al momento de ocupación incaica, ya que se trata de un rasgo arquitectónico intrusivo y no característico del Período Inca (Foto 2). A través de un análisis detallado de los mampuestos se puede apreciar la existencia de dos eventos constructivos, donde los posabrazos y el asiento fueron incorporados con posterioridad a la construcción de la pared original. En el patrón arquitectónico inca es frecuente la disposición de nichos u hornacinas (ventanas ciegas) de diferentes tamaños en las paredes. En el caso de la estructura a la que nos referimos se habría añadido a la hornacina central y de mayor tamaño los posabrazos y el asiento, quedando el nicho de la típica forma trapezoidal como respaldo. Este conjunto modificado aparenta un trono o silla y su construcción fue atribuida a los incas, de lo que dudamos de acuerdo a lo expresado anteriormente. A ello agregamos, sobre la base de nuestras observaciones en otros sitios arqueológicos, que existe una tradición constructiva del patrón arquitectónico inca durante la época colonial, hecho que puede ocasionar confusión en el registro arqueológico.

El sitio está emplazado en la quebrada del río Incamayo sobre un terreno irregular definido por cauces fluviales temporarios que separan diversas lomadas. Esta característica geomorfológica define sectores restringidos de ocupación.

A través de nuestras investigaciones hemos identificado, sobre la base de arquitectura y material de superficie, dos momentos de ocupación dentro de la secuencia prehispánica: Período de Desarrollos Regionales (1000 DC y 1450 DC) y Período Inca (1450-1532 DC). Las evidencias del primer período mencionado poseen un patrón disperso en el espacio, con un sector de habitación concentrado y próximo a la margen izquierda del río Incamayo y un área productiva que se extiende ladera arriba sobre los contrafuertes del cerro Pacuy. Este patrón de asentamiento posee características semejantes a los sitios relevados en el primer nivel altitudinal de la quebrada del Toro, los que están asentados sobre terrazas altas y bajas en torno a los ríos.

La instalación inca se caracteriza al menos por dos elementos: primero, por una arquitectura diferenciada en sus formas y material de construcción. Las estructuras de los edificios poseen un trazado ortogonal y nivelación del terreno para la instalación de los mismos, que es característico de este período, conformando recintos perimetrales compuestos, estructuras de usos múltiples, techos a dos aguas, hornacinas y vanos trapezoidales, paredes con revoque de barro batido, lajas en saledizo y camino formalmente construido entre los elementos identificados.

El otro elemento se relaciona con la disposición de los recintos y el uso del espacio. El camino ingresa al sitio a modo de calle que organiza y articula el espacio interno de los edificios incas, los cuales se disponen a ambos lados de la arteria ocupando  el sector más aplanado y próximo a la barranca del río, terreno que en parte fue artificialmente nivelado.

Desde un punto de vista general, el sitio Incahuasi está acorde a la modalidad de reocupación inca en los sitios locales, donde hay una segregación discreta del espacio interno de los sitios: tal es el caso de Tastil, Puerta Tastil, Tacuara, San Bernardo de las Zorras, El Rosal y Ojo de Agua, entre otros.

Tal como señaláramos en trabajos anteriores (Vitry, 2000[45] ; Soria y Vitry, 2004[46] y otros) los incas ocuparon un nivel altitudinal diferenciado por arriba de los 3.500 metros, donde construyeron un camino con infraestructura asociada, en relación a sectores productivos preexistentes (agrícola, ganadero y minero) y con mejores condiciones para el tránsito y la visibilidad, elementos necesarios para la dinámica impuesta por los cusqueños. Este camino articulaba de manera más efectiva las regiones vecinas como la Puna, Valle Calchaquí y Valle de Lerma. En este contexto, Incahuasi jugó un importante rol como centro político administrativo emplazado en un lugar estratégico desde el punto de vista territorial.


 

[1] Eric Boman,  Antigüedades de la región andina de la República Argentina y el desierto de Atacama. 2 tomos. (Universidad Nacional de Jujuy. Argentina. 1991/1908).

[2] Eric Von Rosen, Un mundo que se va. Exploraciones y aventuras entre las altas cumbres de la cordillera de los Andes. (Tucumán: Fundación Miguel Lillo, Universidad Nacional de Tucumán, 1957).

[3] Eduardo Cigliano, Tastil, Una ciudad preincaica argentina. (Buenos Aires: Cabargó, 1973).

[4] Eduardo Cigliano y Rodolfo Raffino “Un modelo de poblamiento en el N.O. argentino. Período de los Desarrollos Regionales”. (Obra del Centenario del Museo de La Plata. Tomo II. La Plata: 1973).

[5] Rodolfo Raffino, Poblaciones Indígenas en Argentina. Urbanismo y Proceso Social precolombino. (Tipográficas. Editora Argentina. Buenos Aires, 1988).  

[6] Silvia Soria, “Sistemas de Asentamiento durante los Desarrollos Regionales en la Cordillera Oriental (quebrada del Toro, Salta, Argentina)”. Actas 51° Congreso Internacional de Americanistas. (Santiago de Chile, 2003).

[7] Silvia Soria, “Aportes a la arqueología de la Sierra del Chañi. Salta”. Actas XV Congreso Nacional de Arqueología Argentina. (Río Cuarto, 2004): 76.

[8] Silvia Soria, “Sistemas de asentamiento en la Sierra del Chañi durante el Período de Desarrollos Regionales (Salta)”. Actas y Resúmenes VIII Jornadas Regionales de Investigación de la UNJu. (Jujuy, 2005).

[9] Silvia Soria, “Sistemas de asentamiento en la Sierra del Chañi durante el Período de Desarrollos Regionales (Salta)”. Revista Cuadernos, Universidad Nacional de Jujuy (UNJu), (en prensa).

[10] Silvia Soria y Christian Vitry, “Sistema de Asentamiento Prehispánico e inferencia de la desigualdad social en la cuenca de la quebrada del Toro. Salta”. Actas XV Congreso Nacional de Arqueología Argentina. (Río Cuarto, 2004): 235.

[11] Christian Vitry y Silvia Soria, “Sistema de asentamiento prehispánico en la sierra meridional del Chañi (Salta, Argentina)”. Revista ANDES, N° 18 (en prensa). (Universidad Nacional de Salta, 2007).

[12] M. La Lone y D. La Lone, “The Inka State in the Southern Highlands: state administrative and production enclaves”. Etnohistory, nº 34 (1) (winter, 1987): 47-62.

[13] Eleonora Mulvany, 1995. “La Localidad Arqueológica de Chivilme, Dpto. Chicoana, Salta”.  Cuadernos. Nº 5. (FHYCS - UNJu, Jujuy, 2005). (NOTA: La autora posee numerosas publicaciones referidas al tema y sitio; en el presente tomamos sólo el trabajo de carácter general como referencia).

[14] Terence D`Altroy y Timoty Earle, “Staple finance, walth finance and storage in the inka political economy”. Current Antropology, vol. 26, N° 2 (1985).

[15] T. Le Vine, “Inka labor service at the regional level: the functional reality”. Etnohistory, 34 (1), (Winter, 1987): 47-62.

[16] Eleonora Mulvany, 1995. Op. cit.

[17] Citado en Atilio Cornejo, 1945.  “Incahuasi”. En Propiedad Inmobiliaria de Salta en la Época Virreinal. Cap. VIII. Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta. Bs. As.

[18] Carlos Burmeister, Viaje por los Estados del Plata con referencia especial a la constitución física y al estado de cultura de la República Argentina, realizado en los años 1857/1860. 3 Vols. (Buenos Aires, 1945).

[19] Boman, E., Antigüedades de la región andina de la República Argentina y el desierto de Atacama. Tomo 1 y 2. (Universidad Nacional de Jujuy, [1908] 1991).

[20] Atilio Cornejo, “Incahuasi” en Propiedad Inmobiliaria de Salta en la Época Virreinal. Cap. VIII. (Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta, Bs. As. 1945).

[21] Atilio Cornejo, Apuntes históricos sobre Salta. 2º Edición. Talleres Gráficos Ferrari Hnos. Buenos Aires, Argentina, 1937.

[22] León Strube Erdman, Vialidad Imperial de los Inkas. Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad Nacional de Córdoba.(Instituto de Estudios Americanistas Serie Histórica Nº XXXIII, 1963).  

[23] Citado en Atilio Cornejo, 1945. op.cit.

[24] Francisco de Aparicio,  Nuevas investigaciones en La Pampa Grande, "La Prensa", Buenos Aires, 21 de setiembre 1941.

[25] Alberto Rex González, “Problemas arqueológicos de la Puna argentina” En: A Pedro Bosch Gimpera, en el septuagésimo aniversario de su nacimiento (1963): 373.

[26] Rodolfo Raffino, Los Inkas del Kollasuyu. (La Plata, Ramos Americana Editora, 1981b).

[27] Ana María Fernández, “Nota preliminar sobre dos sitios arqueológicos de la quebrada de Incamayo (Departamento Rosario de Lerma, Provincia de Salta)”. Sapiens 2, (Chivilcoy, 1978):28-32.

[28] Christian Vitry, Aportes para el estudio de caminos incaicos. Tramo Morohuasi – Incahuasi. (Salta, Gofica, 2000).

[29] Christian Vitry, “Aportes sobre el despoblamiento de la localidad arqueológica de Tastil”.  Revista Escuela de Historia, Año 2, Vol. 1, N° 2 (Universidad Nacional de Salta, 2003): 243-264.

[30] Atilio Cornejo, 1937. op. cit.

[31] Sara Mata de López, “Los Fundadores del Tucumán”. (Cuaderno de Trabajo Nº 2, Cátedra de Historia Argentina I. Facultad de Humanidades. Universidad Nacional de Salta, 1993).

[32] Atilio Cornejo, “Incahuasi” en Propiedad Inmobiliaria de Salta en la Época Virreinal. Cap. VIII. (Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta, 1945).

[33] Joseph Barnadas, “La Iglesia Católica en La Hispanoamérica Colonial”, en Historia de América Latina. (Barcelona: Cambridge University Press – Critica, Cap.VI,  tomo II, 1990).

[34] Atilio Cornejo, 1945. Op.cit.

[35] Eric Boman, Antigüedades de la región andina de la República Argentina y el desierto de Atacama. Tomo 1 y 2 tomos. (Universidad Nacional de Jujuy, [1908] 1991).

[36] León Strube Erdmann, 1963. Op. cit.

[37] Florentino Ameghino, La antigüedad del Hombre en el Plata. Capitulo XIII (279-307). Parte primera. (Buenos Aires: La cultura Argentina, 1918).

[38] Roberto Vitry, “La Silla del Inca”. El Tribuno, 18 de abril de 1993.

[39] Ana María Fernández, 1978. Op. Cit. 

[40] Christian Vitry, 2000. Op. cit.

[41] Atilio Cornejo, 1937. op.cit.

[42] Ana María Fernández, 1978. op.cit.

[43] Rodolfo Raffino, 1981. op.cit

[44] Christian Vitry, 2000. op.cit.

[45] Christian Vitry, 2000. Op. cit.

[46] Silvia Soria y Christian Vitry, 2004. Op. cit.

 

 

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