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La
“Aurora” de la identidad
The “Aurora” of identity
Vázquez, Marisa
Resumen: La
ópera Aurora - compuesta en 1905, por encargo del gobierno de Buenos Aires al
compositor Héctor Panizza para la temporada del Teatro Colón de 1908–
respondió a la necesidad de construir y consolidar una identidad nacional,
sometida al impacto de miles de extranjeros de diferentes orígenes que llegaban
a Argentina. En su carácter de discurso identitario analizaré cómo se inscribe
Aurora
en el contexto socio-político de la
generación del ’80 y la del Centenario; y los conceptos de Raymond Williams
acerca de tradición e instituciones, pues permiten enlazar el texto con su
contexto de producción. En los procesos ideológicos de fines del S XIX y
principios del S XX puede leerse Aurora como un intento de dotar a la
Argentina de una base común que se tradujo en la reivindicación del gaucho, la
inclusión de las masas inmigrantes y la elaboración de una historia común que
involucrara al colectivo.
Abstract:
Meant to be part of the 1908 Season of the Colon Theatre, the opera Aurora was
composed in 1905 by Hector Panizza after a contract with the Governmet of
Buenos Aires in order to build up a national identity that was suffering the
impact of thousands of foreigners arriving from different origins. I will
analyze how Aurora comprises in the social-political context of the generation
of 1880 and the one of the Centenary. I will also consider the concepts of
Raymond Williams about tradition and institutions, since they allow connecting
the text with its production environment. In the ideological processes of late
XIX and beginning of the XX Aurora can be read as an attempt to provide
Argentina with a common base, translated in the vindication of the gaucho, the
inclusion of the immigrant masses and the elaboration of a common history that
involved the collective.
Palabras claves:
Historia; Literatura Argentina; Identidad
Key Words:
History, National Literature; Identity
“Alta en el cielo, un águila
guerrera / audaz se eleva en vuelo triunfal”
Prácticamente para la totalidad de
los argentinos, estos versos evocan el inicio de la jornada escolar de nuestra
infancia y adolescencia en las que el timbre (o la campana) eran el llamado a
un intermedio de libertad sostenido en la esperanza de que éste marcara el fin
de nuestra educación, al menos por ese día. Esta “Canción” entonada largo
tiempo, con todas las variaciones infantiles imaginables, ofrece una
interesente relación entre historia, literatura y política.
La ópera “Aurora”, a cuyo
intermezzo epico pertenece la “La canción de la Bandera” fue compuesta en
1905, por encargo del gobierno de Buenos Aires al compositor Héctor Panizza
para la temporada del Teatro Colón de 1908 (finalmente se estrenó el 5 de
setiembre de ese año).
El texto original pertenece a
Héctor Quesada y el libreto a Luigi Illica, prestigioso intelectual, poeta y
libretista de Giacomo Puccini, el más célebre autor operístico de la época. El
estreno se realizó en italiano, como solía ser para todas las óperas en
general, aun las de autores no italianos; en esa época no se contaba con
elencos argentinos, a pesar de la importante producción operística que se
realizaba en los teatros de Buenos Aires y algunas capitales de provincia.
Asimismo, se debe resaltar que la
“Canción de la Bandera”, fuera instituida en 1945 durante el gobierno de
Edelmiro Farrell como canto obligatorio en todas las escuelas “primarias y
secundarias de la República Argentina”. Si bien este hecho se canalizó a través
de un uso que provocó un efecto de naturalización que hizo olvidar sus orígenes
y su significación. Hasta hoy, su uso sigue siendo operativo, y en el sector
más maleable de la sociedad, como es la infancia en edad escolar.
Años después Panizza consideró que
la ópera debía traducirse al español, tarea que comenzó en 1942 a cargo de
Ángel Pettita y Josué Quesada -hijo de Héctor-, para su adecuación rítmica;
esta versión se estrenó en la función 9 de Julio de 1945, en presencia de las
autoridades nacionales, encabezadas por el presidente, general Edelmiro J.
Farrell y a la que también asistió –como parte del gobierno- el coronel Juan
Domingo Perón; a partir de esta fecha se cantó siempre en español y se repitió
en las temporadas de 1953, 1955, 1965, 1966, 1983 y 1999.
Esta situación exige analizar,
entre otros puntos, cómo se inscribe “Aurora” en el contexto socio – político
de la generación del ’80 y en la del Centenario, ante la necesidad de
fortalecer una identidad nacional incipiente, sometida al impacto de miles y
miles de extranjeros de diferentes orígenes que llegaban con “buena voluntad”,
a poblar el territorio argentino.
Como hipótesis
preliminar se puede afirmar que el encargo de esta ópera se debió a la
necesidad política de reafirmación de la cohesión nacional a través de la
fijación de una identidad común, reconocible por todos los sectores sociales.
Esta operación llega a su culminación con el decreto de Farrell que hace de “La
canción de la Bandera” una creación autónoma desde entonces, entonada por las
nuevas generaciones de escolares argentinos como paradigma de la nacionalidad y
de la profunda asimilación del celeste y blanco como colores patrios.
La ópera en la Argentina
La historia de la ópera argentina
está íntimamente ligada a la historia de la italiana y a las ideologías de los
poderes políticos que se sucedieron en el siglo XIX. La política cultural del
presidente Bernardino Rivadavia puso a Buenos Aires, a partir de 1820, en
contacto con la ópera italiana; esta política se continuó y cristalizó en la
generación del ’80. Es en estos años en que la producción operística nacional,
siempre usando el italiano, se afianza; en ella pueden señalarse diferentes
fuentes temáticas: dramaturgia universal, mitología griega, temática
indígena-americana, historia americana, historia argentina y temas
costumbristas y gauchesco popular argentino. Sin embargo, es necesario destacar
que a pesar de esta diversidad temática, la ópera argentina se estructura en
dos grandes tendencias: la nacionalista y la universalista. La ópera había
llegado al país y había logrado aceptación social, además, como sostiene José
Luis Romero:
“Por entonces comenzaron a
difundirse nuevas influencias en la estética musical. Junto a las de la
operística, empezó a advertirse la de la tradición sinfónica”
La generación
del ’80 había sentado las bases de un país liberal, promovido la inmigración y
había conformado una suerte de oligarquía con la mirada puesta en los modelos
europeos. En este contexto, la construcción del teatro Colón, proyectado por el
gobierno de Juárez Celman, es el símbolo de situar a Buenos Aires como una
capital cosmopolita y culta.
1880 y
1890
José Luis Romero señala
que los hombres del ’80 en su afán civilizatorio despreciaron la tradición
criolla, y por extensión hispana, embarcándose en una lucha por desterrar y
cambiar estas mentalidades. Sin embargo, las ideas anarquistas llegadas con los
inmigrantes europeos fueron gestando cambios profundos en la estructura social:
“sólo la revolución del 90 ofrecería la ocasión de incorporarse a los
movimientos ciudadanos al nuevo conglomerado social, en el que ya se notaba un
sistema de ideas y de valores que comenzaba a hibridarse”.
Es interesante que en
el ’90 se unieron en un sentimiento antioligárquico, criollos, inmigrantes e
hijos de inmigrantes; así nació un programa para la República que se encarnó en
el partido político la Unión Cívica, un programa de clase popular que
consideraba que el país debía ser una tierra de trabajo y producción, en el que
las masas inmigratorias se pregnaran de las virtudes nativas. Por otra parte,
la propuesta del partido Socialista en pro de los obreros y la resistencia de
los grupos católicos a la secularización de la enseñanza trazaron un perfil de
país en el que se entrecruzaban la defensa por la tradición criolla, la
necesidad de progreso y la cerrada oposición de los católicos a los intentos de
laicismo en las leyes. En este contexto, la proximidad del aniversario patrio
generó una discusión en torno a la identidad nacional, que no es ajena a lo que
sucedía en el resto de Hispanoamérica.
La generación puede
caracterizarse por su actividad artística en torno a los temas del
nacionalismo; el componente ideológico de esta etapa fue el hispanismo y el
intento de recuperación de la tradición española y el tópico identificado con
el arielismo, en este sentido y siguiendo a Altamirano y Sarlo; “fue
necesaria la mediación de un conjunto de circunstancias históricas para que un
grupo de escritores argentinos buscara, hacia esos años, en esos elementos del
horizonte ideológico los medios para elaborar una respuesta a una realidad que
percibían como problemática”. Esta mediación implicó la profesionalización de
la actividad artística que tuvo su correlato en la constitución de
ideologías de artistas; los artistas del 900 tienen una clara conciencia de
su función en la sociedad. Asimismo, proliferan los encuentros de escritores,
las conferencias y el éxito marcado por el mercado editorial. La constitución
de este campo intelectual tuvo fuertes reacciones:
“La más significativa de estas
reacciones – por la larga repercusión de algunos de sus planteos, por el peso
cultural de las figuras empeñadas en su difusión – fue la suscitada en torno al
tema de la
¢identidad
nacional¢.
La primera historia de la literatura argentina, el debate sobre el significado
del Martín Fierro (...), y algunos libros claves del proceso intelectual
argentino, tienen su raíz en ese fermento ideológico que ha sido denominado
también
¢primer
nacionalismo¢
o ¢nacionalismo
cultural¢
Gauchos
y gringos
Los escritores
definieron un campo intelectual en el que, como señaláramos, el tema de la
identidad nacional adquiere relevancia, asimismo, la búsqueda de una tradición;
mientras que en los ’80 el criollo había sido asimilado a la barbarie, en los
’90 el término se usa como el reservorio de la tradición patria, en abierta
oposición al “gringo”, que pasa a representar a la barbarie; no es una cuestión
de términos, sin duda, define la necesidad de forjar una identidad nacional,
anclada en la tradición que diera a nuestra historia un hilo conductor que
permitiera un proyecto a largo plazo; al mismo tiempo que servía para amalgamar
al conjunto social, haciéndolo ingresar en una tradición nacional que
permitiera al “gringo” sumarse al proyecto:
“... afirmar una
¢sólida
identidad¢
implicaba ir más allá de ese legado de reticencias, rechazos xenófobos y
evocación nostálgica de un pasado que el progreso arrastraba irremisiblemente.
La cuestión de la identidad nacional debía dar lugar a certidumbres activas y
mitos de identificación colectiva”
En este contexto, el encargo
de “Aurora” encuentra su lógica y su temática aúna las concepciones ideológicas
y las necesidades de creación de nuevos mitos para cohesionar la sociedad y
darle una sólida identidad. La “Canción de la Bandera” se convirtió en una
certidumbre de identificación colectiva al recuperar las guerras de la
Independencia y el rol del gaucho en ellas, además, por su origen extranjero,
daba lugar a la inclusión de la masa de inmigrantes.
Importa una síntesis
argumental para señalar en ella algunos de los tópicos que señaláramos. Aurora,
enamorada de Mariano, es la hija del jefe realista en Córdoba contra quien
Mariano, novicio jesuita consustanciado con el ideal libertario, está
conspirando. Luego de la lucha se logra una tregua, que es aprovechada por el
jefe realista para enviar mensajes a Liniers. En este punto importa destacar el
intermezzo epico pues exalta a la Patria que nace y a los héroes
que todo lo sacrificaron por ella. Además, aparece la figura del Gral. Martín
Miguel de Güemes y Mariano entona la canción a la bandera. A su voz se unen
jubilosos sus amigos y compañeros de armas. La ópera finaliza con la muerte de
Aurora.
La figura del héroe
salteño reivindica la tradición; el gaucho ya no es el bárbaro, sino el
valiente guerrero contra la España colonial; entra así en la línea de
recuperación del gaucho iniciada con la crítica al Martín Fierro; por
otra parte, y más allá de las imprecisiones históricas, se exalta la lucha
libertaria de todo dominio extranjero, la posibilidad de unión entre diferentes
– prueba de ello es el amor entre Mariano y Aurora – y se encuentra un símbolo
unificador en la bandera, que ha sido dada por Dios.
El
Centenario
Se entrecruzan en
“Aurora” los grandes temas del Centenario y está explícitamente vinculada a la
historia y el poder políticos de principios de siglo. Esta ópera construye una
tradición - acorde a una necesidad política – que articula las procedencias de
la población y reivindica un pasado; así es interesante el concepto de
tradición de Williams como “visión intencionalmente selectiva de ese pasado …,
es una construcción del pasado – ya configurado – y del presente –
preconfigurado”.
Esta versión del pasado contiene a todos y brinda los elementos para la
construcción y consolidación de la identidad; por otra parte es interesante que
el encargo proviniera de una institución formal: el gobierno y su pretensión de
incorporación de la diversidad en la vida social y cultural.
Es en estos procesos en los que
“Aurora” se enmarca, dada la necesidad de cohesión nacional que reseñamos, pues
este intento de dotar a la Argentina de una base común se tradujo en la
reivindicación del gaucho, la inclusión de las masas inmigrantes – de allí la
importancia de la elección de una ópera – y de la elaboración de una historia
común que involucrara al colectivo. Es interesante que el “gringo” se
incorporara desde una ópera, género común y de gran prestigio en Italia y
Europa, pues desde el arte se asumía una tradición cultural ajena a la
Argentina. También es interesante el cruce con el verismo italiano – corriente
preponderante en la ópera italiana de la época –, el realismo y el modernismo,
coexistiendo en el sistema literario. Es interesante que mientras el verismo
puede asimilarse al realismo literario, el modernismo significó un movimiento
de renovación estética.
Se adscribe a una
tradición cultural de prestigio que al tomar un tema patrio logra aunar al
criollo y al inmigrante. Al criollo y al gaucho con sus características de
lealtad y valentía, las que podían asimilar al extranjero por medio del amor y
desde el hecho artístico señalado. Otro punto interesante de esta ópera son los
cruces en su elaboración: compositor y autor del libro, argentinos; en tanto
que el libretista era un afamado italiano, simbólicamente se da una simbiosis
del país con el europeo, quedando involucrados en este colectivo patrio,
conformado por criollos, gauchos e inmigrantes. Los cursos de acción que esta
ópera sugiere son asumir a la Argentina como la patria y defenderla de
cualquier intento de sojuzgamiento, esto es lo que debe hacerse; consolida así
la idea de que es necesario tomar conciencia de la pertenencia a la patria sin
distinciones.
En consideración a lo expuesto
sostengo que esta ópera respondió a una necesidad de unificación e identidad
nacional; perfectamente articulada con la ideología dominante en ese momento
histórico. Por otra parte, la “Canción de la Bandera” ritualizada en nuestras
escuelas nos aúna en la convicción de lealtad a la patria y a sus símbolos que
nos unifican como colectivo.
Enciclopedia dell’arte lirico.
(Milán: Arnoldo Mondadori editore, 1977).
Revista del Teatro Colón. Temporada
1999. Mayo, Nº 53, Buenos Aires, Argentina.
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