LA HISTORIOGRAFÍA ALEMANA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX

Mariela Elizabeth Coronel

En el transcurso del siglo veinte un hecho modificó sustancialmente la vida del continente europeo y también de Asia y Oceanía: la Segunda Guerra Mundial irrumpió en el panorama mundial sembrando desolación y caos. A su finalización, no solo los países derrotados estaban económicamente arruinados, también los vencedores se encontraban agotados; solo los Estados Unidos y Rusia, que habían sido aliados durante la guerra y se habían convertido en rivales a su desenlace, se erigían como potencias de primer orden. Su enfrentamiento provocó la división de Europa; una línea que partió a Alemania y que era algo más que una frontera porque dividió el continente en dos zonas sometidas a la influencia de estos grandes.

La situación de Alemania era particular. Los cuatro estados ocupantes ejercían conjuntamente la autoridad suprema, sin anexionarla. En teoría, pervivía un Estado alemán único, pero los constantes malentendidos entre norteamericanos y rusos llevaron pronto a la realidad de dos Alemanias distintas. De una parte, los aliados occidentales unificaron sus tres zonas de ocupación y progresivamente concedieron a la República Federal todos los derechos y atributos de un Estado soberano. Los soviéticos hicieron lo mismo con la República Democrática, y los países del este la reconocieron como Estado independiente. De un lado, la Europa del este oscilaba hacia Moscú; del otro, la Europa occidental reclamaba el protagonismo de la reconstrucción de Europa; las dos Alemanias siguieron por caminos distintos; un occidente "abierto" y un oriente que se cerró a toda influencia exterior.

Es en este contexto de división que se sitúa nuestro trabajo, que persigue como objetivo el brindar un panorama del desarrollo de la producción historiográfica alemana durante la segunda mitad del siglo veinte. Cabe aclarar que el mismo abordará la situación del sector occidental, dadas las dificultades que representa el intentar realizar este trabajo desde la parte oriental.

De todas maneras, esta tarea presenta su complejidad, pues el desarrollo de las nuevas corrientes historiográficas y del pensamiento histórico en la antigua República Federal de Alemania no sigue el mismo recorrido que en otros países occidentales.

Como es sabido, durante el siglo diecinueve la historiografía alemana dominó el panorama mundial; la historia científica representada por Ranke principalmente, pero también por Burckhardt, Gervinus, Droysen, Treitschke y Mommsen, se erigió como el paradigma que se exportó a todo el mundo y las universidades desempeñaron allí un rol fundamental "como lugares en los que la investigación se une a la enseñanza". Sin embargo, ya a fines del siglo se advierten signos que presagian la crisis del historicismo clásico; no solo en Alemania, sino también en ciertos países de Europa, como Francia, en los Estados Unidos y en aún en Polonia, Rusia, Japón y Escandinavia se discute acerca de los cimientos de la investigación histórica y también de la historiografía, pretendiéndose adecuar a ambas a los nuevos tiempos. Los nuevos estudios aspiran a incluir también a la sociedad y a la cultura en una ampliación de la mirada histórica.

De esta manera es que en la primera mitad del siglo veinte se pueden observar en Alemania las primeras iniciativas en pos de una historia económica y social, materializada por la Nueva Escuela Histórica de Economía Nacional con Gustav von Schmoller como su máximo representante y con el fin de ocuparse de los inconvenientes originados por la industrialización seriamente. La "Escuela de Schmoller", no obstante, continuó insistiendo en el papel central del estado y en los métodos de crítica de fuentes propios del historicismo clásico alemán.

A partir de la segunda mitad del siglo veinte es la historiografía francesa la que influye ahora en el panorama mundial; los Annales de Bloch, Fevbre y Braudel transforman la historia de corte narrativo definitivamente en social y económica. Además de este aporte historiográfico francés, que es adoptado en cada país de forma diferente, hacen sus aportes para el perfeccionamiento y enriquecimiento de la ciencia la sociología cuantitativa norteamericana y la antropología social.

De manera general, en los distintos países de Europa se generaliza a través de los Annales el interés, sobre todo, en el período preindustrial como un medio para poder explicar el malestar moderno. Sin embargo, en Alemania una gran parte de la investigación se dedica al estudio de la época industrial en un intento por revelar de alguna manera aquellas causas que dieron origen a la confrontación mundial. Las terribles consecuencias de la guerra llevan a la búsqueda de respuestas que la expliquen. Se trata de dar explicaciones al surgimiento del nazismo; se lo presenta en ocasiones como un accidente, una ruptura en la historia alemana desde el año 1933, que tiene que ver con las presiones ejercidas sobre ella por otras potencias extranjeras. No faltan las reacciones desproporcionadas, el nacionalismo social que intenta sacar al nazismo de las tradiciones políticas alemanas.

Es en el transcurso de estos años que quien es considerado el "padre" de los historiadores conservadores, Friedrich Meinecke, escribe La catástrofe alemana (1946). Meinecke, junto a una minoría de historiadores e intelectuales, brindaban su apoyo al período de la República de Weimar; esta posición se sustentaba sobre todo en el deseo de superar las diferencias irreconciliables que separaban a Alemania de los demás países tras la guerra.

"Si entre fines del siglo diecinueve y principios del veinte una gran parte de los estudiosos más respetados se dirigieron desde Estados Unidos hacia Alemania, luego de la Segunda Guerra Mundial el camino se hará de manera inversa".

Se plantea como cuestión la tesis del "camino especial alemán"; esto es, si el trayecto seguido por la nación se apartaba de la evolución considerada normal de los modernos estados industriales. Camino que tienen que seguir todos los países: es el camino de la revolución burguesa que ya han seguido Francia e Inglaterra. Estos procesos implican una estructura económica capitalista, una burguesía moderna y el control del estado de manera violenta.

Se trata la especificidad alemana en el contexto europeo; en la historia económica, social y política del siglo diecinueve, pregonan los historiadores, podemos encontrar los orígenes del nazismo. Se considera que el camino alemán seguido a partir de la revolución burguesa fracasa en el año 1848, al no lograr cimentarse una Alemania unificada sobre una base democrática; lográndose un sistema capitalista moderno con una superestructura política tradicional y la hegemonía de los terratenientes prusianos luego. Es éste un régimen feudal, antidemocrático y el expansionismo será consecuencia de este desfasaje. Por otra parte, la modernización incompleta llevará, inevitablemente, hacia el nazismo.

Desde la historiografía se subraya que la unificación alemana lograda por Bismarck significa la culminación de un proceso expansivo que había tenido su origen en la Edad Media; la discusión vuelve a centrarse en torno a Lamprecht y tiene como resultado la preeminencia de la historia política narrativa centrada en los acontecimientos aún hasta mucho después del año 1945. Se piensa que la historia es la historia de la política, dejándose por lo tanto de lado los estudios sociales y económicos que no son considerados de importancia para asegurar la presencia de los estados dentro del contexto europeo o mundial. Todo esto es el reflejo de una sociedad en la que las instituciones políticas y sociales no han evolucionado.

Es recién en los años sesenta en que realmente se llega a una revisión crítica del pasado alemán; hay todo un proceso de modernización historiográfica a partir de estos años que utiliza como razones el haber sido cuna de la historia erudita funcional y el que gran parte de los intelectuales que acompañaron el ascenso del nazismo a partir del cuarenta y cinco han sido desplazados. En el resto de los países occidentales, mientras tanto, se habían comenzado a cuestionar aquellas proposiciones sociocientíficas que la historiografía aún sostenía.

Se destaca en este período Fritz Fischer, un historiador con pasado nazi, que publica en el año 1961 su estudio sobre el origen de la Primera Guerra Mundial: Der Griff nach der Weltmacht (En pos de la hegemonía mundial); posteriormente en un libro subsiguiente Der Krieg der Illusionen (La guerra de las ilusiones, publicado en 1967) Fischer postulaba una continuidad entre los intereses bélicos alemanes en la Primera y la Segunda Guerra Mundial, iniciando de este modo la discusión en torno al pasado germano. La obra de Fischer, si bien se basa en el examen convencional de documentación estatal, permite la posterior ampliación de la investigación hacia los marcos estructurales de las decisiones tomadas en ese momento. Fischer considera que las causas del nazismo hay que encontrarlas en la tradición política alemana que siempre se mostró autoritaria y conservadora y cita como ejemplo que ya en los años 1913-1914 hay una política agresiva, agregando que la iniciativa de la Primera Guerra Mundial hay que buscarla en la clase dirigente alemana y su constante afán de expansión.

Esta obra tradicional desde lo metodológico servirá, sin embargo, para abrir la polémica en torno al pasado alemán. Siguiendo este curso vendrán los ensayos de Eckart Kehr (1965, 1966) sobre la época de Weimar tardía, y de Hans – Ulrich Wehler, ambos historiadores representantes de una generación más joven formada después de la Segunda Guerra Mundial y con una orientación crítica; consideran que la ciencia histórica tiene una función crítica tanto de la sociedad pasada como de la presente. La razón es considerada el instrumento del que se sirven los hombres para dominar todo lo que los rodea, y lo que permite la destrucción y la deshumanización del mundo; partiendo de esta premisa, las ideologías son rechazadas.

Tanto Kehr, como Wehler y Fischer sostienen la tesis del "desarrollo anacrónico" alemán: la contradicción entre modernización económica y social y el atraso político. Influenciados por Weber, consideran que el impulso hacia la modernización significa emprender (por fin) el camino hacia un estado social moderno y democrático.

Otto Hintze y Max Weber son dos representantes de una corriente de investigación nacida de la Nueva Escuela Histórica de Economía Nacional, con algunos de cuyos representantes sin embargo, mantienen algunas diferencias, que tienen gran influencia en los historiadores alemanes. Por medio de su práctica científica, estos estudiosos aspiran a "lograr una conceptualidad precisa [unida a] la comprobación crítica de las premisas metódicas y teóricas de esa práctica".

Son características de la historiografía alemana en los sesenta el cuantitativismo, el sentido de lo unitario, la unicidad del proceso histórico y también el considerar que la crisis de la historia es la crisis de la modernidad misma; la crisis de la idea de la lógica. Las bases teóricas continúan siendo la sociología alemana y, sobre todo, los trabajos de Weber. Todas estas ideas serán retomadas más tarde por otros historiadores alemanes.

Hacia fines de los años sesenta se puede apreciar una nueva tendencia en la forma de hacer historia que dará sus frutos en la década siguiente; los máximos representantes de esta corriente son Wehler y Kocka, aunque indiscutiblemente cuentan con un grupo de historiadores sociales críticos que comparten sus ideas y realizan sus aportes para la elaboración de una historia de la sociedad que contenga una sólida base institucional. Estos historiadores se nuclean en lo que conocemos como Escuela de Bielefeld, y consideran fundamental elaborar un análisis procesual, estructural en el que se pueda observar la estrecha relación entre la investigación científica y la práctica social. Tal como lo expresa Jürgen Kocka, "(...) la historia pasada sólo habrá sido comprendida del todo cuando se puedan entender y explicar las conexiones que existen entre estructuras y procesos por un lado y experiencias y acciones por otro".

Tanto Kocka como Wehler se ocupan del estudio de las clases trabajadoras, sin olvidar a las clases medias. Su interés se centra en torno a la industrialización, aunque se plantean también el origen y las razones del poder nazi. En sus trabajos se percibe la influencia de la Teoría Crítica de Horkheimer y Adorno quienes habían regresado del exilio en el año 1951. Si bien rechazan el marxismo, aceptan la importancia del conflicto social y de las fuerzas materiales en el estudio de la sociedad. Utilizan a Weber como el filtro a través del cual interpretan a Marx.

En la década del setenta y aún en parte de la del ochenta, los estudios realizados se centran en analizar la conexión entre las condiciones laborales y las realidades existenciales de los obreros, sin olvidar la importancia de la cultura. La investigación, realizada con métodos empíricos, se dirige hacia la historia de los obreros y empleados alemanes, para encaminarse más tarde hacia los integrantes de la burguesía. El centro de la atención no será ya el mundo preindustrial y las estructuras que permanecen estables a lo largo de períodos extensos, sino que se presta especial consideración a los rápidos procesos del cambio en las sociedades industriales.

Pese a que la cultura ocupa un lugar importante en las investigaciones, junto al poder y la economía, se reprocha el que, en los primeros trabajos, se haya descuidado el aspecto cultural de la historia. Son las formas organizadas como las iglesias, las universidades, las escuelas o las formas de asociación de los hombres las que ocupan el lugar central; y los hombres tienden a eclipsarse tras estas grandes estructuras. También hay un descuido con respecto a las formas de la vida cotidiana, y las problemáticas de la mujer ocupan un lugar restringido, mencionándose algunos aspectos solamente, tales como el trabajo, el movimiento feminista y el derecho conyugal.

Paulatinamente se va ampliando el estudio "de la historia social desde una historia de estructuras y procesos sociales hacia una historia de la vida y de la cultura", estudios estos que no quedan circunscriptos a Alemania Federal, sino que se extienden por el resto de Europa y América. Representativo de esta orientación en los estudios es el trabajo de Hartmut Zwahr, Zur Konstitution des Proletariats als Klasse. Strukturuntersuchungen ubre das Leipziger Proletariatr während der industriellen Revolution (Sobre la constitución del proletariado como clase. Estudios estructurales sobre el proletariado de Leipzig durante la revolución industrial), publicado en el año 1974 y basado en datos empíricos.

Esta nueva orientación de las investigaciones sociohistóricas continúa en Alemania en la década del ochenta, destacándose los trabajos efectuados por Kocka junto a especialistas internacionales en ciencias sociales y humanas, en los que se realiza un estudio comparativo sobre la burguesía europea en el siglo diecinueve.

También se destaca el trabajo de Dorothee Wierling (1987) acerca de las diversas interpretaciones ante una situación histórica de los participantes subjetivos en ella; la autora parte del oficio de criada, utilizando una mezcla de fuentes nuevas, como la historia de vida obtenida mediante entrevistas, y fuentes y métodos clásicos para desarrollar el tema. En esta alineación de la ciencia social histórica crítica se colocó también el austriaco "grupo Mitterauer", encabezado por Michael Mitterauer, quien junto a su grupo de colaboradores potenció la utilización de los métodos cuantitativos y de la Demografía Histórica para estudiar la historia de la familia moderna y el proceso de modernización.

En cuanto al tratamiento del tema recurrente en la historiografía alemana, el nazismo, en esta década "la Historikerstreit o "batalla de los historiadores" alemanes del decenio de 1980 no era en torno a si el período nazi debía verse como parte de la historia de Alemania, más que como extraño paréntesis de pesadilla en dicha historia. Sobre esto no había verdadero desacuerdo. De lo que se trataba era de si alguna actitud histórica ante la Alemania nazi que no fuera de condena total no corría el riesgo de rehabilitar un sistema absolutamente infame, o al menos de mitigar sus acciones".

Esta controversia se inicia en el año 1986 de la mano de Ernst Nolte, quien enciende la llama con su artículo "El pasado que se niega a irse". En el mismo, este historiador justificaba el accionar de Hitler con respecto a la prisión impuesta a los judíos, aunque no la matanza provocada luego, argumentando la posición contraria a Alemania adoptada por el Congreso Mundial Judío tras la declaración de guerra de 1939. La polémica se instaló de esta forma, no solo en los círculos académicos alemanes, sino que superó las barreras del mundo analizándose en todas partes nuevamente el pasado nazi.

En la década del ochenta, y particularmente en la del noventa, se puede observar también que se revitaliza el interés en la cultura, aunque integrándola a la historia política. De esta manera, la historia cultural pasó a formar parte de los contextos políticos.

Por otra parte, ya a mediados de la década del setenta había comenzado a surgir en Alemania un grupo de historiadores que recorrían el camino de transición del marxismo y de la ciencia social histórica a la historia de la vida cotidiana. Si bien a primera vista parece existir una profunda distancia entre este grupo, conocido como de "la protoindustrialización", de Göttingen y los integrantes del de Bielefeld, ambos comparten algunos criterios en común.

El Instituto de Göttingen nuclea a Peter Kriedte, Hans Medick, Jürgen Schlumbohm, Herbert Kisch y Franklin Mendels entre otros y la "postura teórica inicial de estos trabajos aparece ligada a la concepción marxista de que las relaciones de producción y de reproducción constituyen el fundamento de las estructuras y de los procesos sociales", partiendo desde el enfoque macro histórico para llegar a la micro historia. La obra representativa de este grupo es el libro Industrialisierung vor der Insdustrialisierung (La industrialización antes de la industrialización).

En cuanto a los puntos de convergencia a que hemos hecho referencia anteriormente, es notable que los estudios de Medick, Kriedte y Schlumbohm prestan fundamental atención a los factores sociales, económicos y demográficos a la hora de elaborar sus investigaciones, logrando con ello prevalecer sobre muchos trabajos de la ciencia social histórica.

En la historiografía actual, una nueva tendencia, que hace hincapié en el discurso como medio para acercarse a la realidad histórica, representa una de las teorías posmodernas más relevantes. En este contexto se centra la atención en el lenguaje político, considerado como la savia capaz de infundir nueva vida a la historia de las ideas políticas.

Esta teoría es desarrollada en Alemania por Reinhart Koselleck como el representante más reconocido de lo que se conoce como el "giro lingüístico", quien sostiene que las ideas y los conceptos juegan un papel fundamental en el origen de la sociedad política moderna. Para Koselleck estas ideas y estos conceptos no se presentan aislados sino como partes constituyentes de un discurso; y este discurso permite, a su vez, justificar el comportamiento político, legitimándolo. Es por ello que el objetivo de los estudios desarrollados bajo esta influencia se centra en el análisis de los textos para, a partir de allí, comprender el sentido del mismo y las intenciones del autor, enmarcándolo en el discurso de la época analizada.

En los últimos años también se han revalorizado algunas áreas que no solían ser consideradas en el ámbito de la historia. El caso de la historia de las mujeres muestra como se ha ido evolucionando desde aquella vieja historia que solo se ocupaba del trabajo o del movimiento sufragista, para comenzar a hacer hincapié en las experiencias de vida de las mujeres y llegar a elaborar una historia de género que incluye también a los hombres.

Con respecto al tratamiento de la historia latinoamericana, ésta fue institucionalizada en parte dentro de la ciencia histórica misma, tal el caso de Colonia y Hamburgo y en parte dentro de centros interdisciplinarios, como Berlín, Bielefeld y Eichstätt. En los últimos tiempos, desde estos lugares ha comenzado a cambiarse la visión tradicional de una América Latina a la que había que mirar en términos de compasión. Visión propiciada desde las exposiciones sobre las culturas aborígenes americanas que mostraban al oprimido y pobre indígena que despertaba sentimientos de solidaridad en el público europeo.

Esta imagen popular fue dando lugar a otras consideraciones, pasando a analizarse la historia de América Latina luego de la colonización en sus aspectos positivos y negativos, e incorporando al indígena como una categoría de análisis social, totalmente diferenciada de las otras.

Reflexiones finales

En esta breve mirada acerca del desarrollo de la producción historiográfica alemana durante la segunda mitad del siglo veinte, es posible observar como la misma ha ido cambiando en el transcurso del tiempo a medida que se cuestionaban los postulados en los que se apoyaba la ciencia histórica desde su instauración como disciplina científica. De la misma manera, la necesidad de brindar explicaciones ante determinados hechos fue determinante para ampliar el campo de la investigación histórica de forma permanente, contribuyendo a complejizar el conocimiento histórico.

A fines del siglo veinte y comienzos del veintiuno nos encontramos con que no existen paradigmas de investigación, tal como ocurriera en épocas anteriores; sino una multiplicidad de estrategias orientadoras para llevar a cabo la misma. Es indudable que ello resulta de gran provecho, pues teniendo en cuenta que la investigación de la historia se orienta hacia la realidad, incuestionablemente esta diversidad de estrategias y de posibilidades de conocimiento contribuyen a acrecentar nuestra posibilidad de acceder a la comprensión del mundo histórico.

Este trabajo pretende ser una aproximación al desarrollo de la producción historiográfica alemana durante la segunda mitad del siglo veinte; como ya expresamos en los inicios del mismo, es esta una tarea en la que no contamos con demasiado material de apoyo que nos ayude en la elaboración del mismo, salvo, claro está, el valioso aporte del Profesor Iggers. Si a partir de este acercamiento logramos colaborar en algo a la comprensión del tema, nuestra tarea habrá sido cumplida.

 

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