Sumario n°37

Entrevista a la historiadora Michelle Perrot

¿Cómo sacar a las mujeres del silencio y la sombra, a los que su estatuto las relegó tanto tiempo, para poder escribir su historia? ¿Qué influencia ejerce este reciente objeto de estudio en las ciencias humanas? ¿Cuál ha sido el papel del feminismo en la evolución de la relación entre los sexos?... Michelle Perrot, profesora honorífica de historia contemporánea, especialista de la historia de las mujeres, ha contestado a todas estas preguntas para Label France.

Label France: ¿Que les diría a quienes se indignan de que se dedique a las mujeres un dossier de una revista, un libro o un ámbito de investigación, y se sorprenden de que no se haga lo mismo con los hombres?

Michelle Perrot: Los hombres están ahí. La historia de los hombres está ahí, omnipresente. Ocupa todo el espacio y desde hace mucho. Siempre se ha concebido, representado a las mujeres como una parte del todo, y casi siempre como seres particulares y renegados. Se puede hablar de silencio de la Historia sobre las mujeres. No es sorprendente que la reflexión histórica se interese por este descubrimiento de las mujeres sobre y por ellas mismas, un aspecto de su afirmación en el espacio público. Realizar este dossier está plenamente justificado porque la emancipación de las mujeres, que atañe a las relaciones entre los sexos, es uno de los hechos capitales del siglo. Y los que se sorprenden seguramente no están al corriente del desarrollo considerable de esta reflexión en el mundo occidental desde hace veinticinco años.

¿Cuándo se produjo la emergencia de la historia de las mujeres en Francia?

A grandes rasgos, a principios de los años 70, siguiendo el movimiento de liberación de las mujeres, que desempeñó a ciencia cierta un papel incitativo. Sobre todo en torno a las universidades, allí donde había una demanda estudiantil y docentes capaces de asumirla y desarrollar investigaciones.

A título de ejemplo, en el que interfieren la Universidad Paris VII-Jussieu y la Escuela de Estudios Superiores, he aquí tres fechas significativas de mi propio recorrido: 1973, primera clase: "¿Tienen historia las mujeres?", cuyo título interrogativo traduce nuestra perplejidad; 1983, congreso en Saint-Maximin, "¿Es posible realizar una historia de las mujeres?"; 1991-92: publicación de Historia de las mujeres en Occidente. Hemos pasado de la pregunta a la afirmación sintetizada de un ámbito.

¿Cómo nació ese proyecto?

Madame Vigée-Lebrun et sa filleMadame Vigée-Lebrun y su hija de Elisabeth Vigée-Lebrun (1755-1842), una de las pocas pintoras que pasó a la posteridad.

Codirigí esa obra colectiva con Georges Duby, que desgraciadamente falleció hace dos años. La iniciativa fue de una editorial familiar italiana, Laterza, que había traducido con gran éxito la Historia de la vida privada, dirigida por Philippe Ariès y Georges Duby y en la que yo había dirigido un volumen. Aquella obra colectiva reunió a setenta y dos colaboradores, alrededor de un núcleo francés sin el cual no habría podido realizarse (el 60% de los autores), pero abierto a historiadores e historiadoras de todo el mundo.

¿Cuáles han sido las repercusiones de este nuevo campo sobre las demás disciplinas, ha potenciado nuevos métodos o temas de investigación?

A principios de los 70, la mayoría de las investigadoras, mujeres o feministas, eran muy ambiciosas y hablaban de ruptura epistemológica. En realidad, la historia de las mujeres no ha provocado una verdadera revolución. Primero utilizamos los métodos e instrumentos de la historia clásica. Simplemente, a causa de la especificidad de objeto "mujer", tuvimos que desarrollar ciertas prácticas en el campo de las fuentes. Recurrimos más a los archivos privados, los diarios íntimos, las autobiografías, ya que durante mucho tiempo, no se tenía en cuenta a las mujeres en el ámbito público. También apelamos a la "historia oral" para conocer la vida de mujeres "corrientes" que no dejaron mucho rastro.

Para acabar con este silencio y hacer aparecer lo que está escondido, hay que interesarse por algo que no sea el universo político, en el que las mujeres han estado mucho tiempo ausentes. Se insiste por lo tanto en la vida privada, lo cotidiano, el cuerpo, la medicina... Hacemos un poco la infrahistoria de nuestras sociedades, que constituye una tendencia de la nueva historia, reforzada por la historia de las mujeres.

También insistimos en el estudio de las imágenes y representaciones ya que ante todo son los hombres quienes ven, describen y representan a las mujeres. Luego hay que imaginarlas a través de estos testimonios. Esto implica todo un trabajo de análisis crítico y de reconstrución del lenguaje, de las imágenes, que forma parte de los métodos actuales de descodificación de los discursos, determinante para la historia de las mujeres. Ésta utiliza los materiales e instrumentos más contemporáneos para responder a sus propias necesidades. Por el contrario, la cuestión que plantea es radicalmente nueva.

¿Es una característica de la historia de las mujeres el estar abierta a las demás disciplinas: antropología, sociología, literatura, psicología... ?

La mujer como objeto es plural y pluridisciplinar. Por ello hay que recurrir a todo tipo de planteamiento, de la antropología al psicoanálisis, de la historia de las ciencias a la de las artes. En los años 70, cuando se hablaba mucho de pluridisciplinaridad, de acabar con los compartimentos estancos, este planteamiento nos pareció evidente. Es uno de los principales beneficios de este campo de estudios. No se puede investigar, escribir, hablar sobre las mujeres limitándose a una sola disciplina. La cuestión de relación entre los sexos es totalmente transversal.

En su opinión, ¿qué campos merecerían investigaciones más urgentes?

La historia de las mujeres empezó por la de sus papeles tradicionales, su cuerpo, la maternidad. Después, nos interesamos por la educación, el trabajo femenino, bajo todas las formas, desde el doméstico al remunerado. Por último, se llegó a la política y la esfera pública, y a todas las formas de poder.

Entre los campos de vanguardia figura el de las relaciones entre las mujeres y la creación, ya sea la pintura, la música o incluso las ciencias que resisten, sobre todo las ciencias duras, a la entrada de las mujeres y tienden a reconstituirse como eminencias de la maestría, el poder y el ejercicio masculino.

Otro campo poco explorado es el de las violencias ejercidas contra las mujeres -la violación, agresión, servidumbre, explotación del cuerpo-, amparado por el pudor tradicional y por lo tanto por el rechazo a hablar de ello por parte de las mujeres que se sienten culpables. Este tipo de silencio sigue ejerciéndose aún hoy en día sobre la palabra de las mujeres. Actualmente se están desarrollando investigaciones para intentar comprender, por ejemplo, el silencio de las mujeres frente a las agresiones de las que son víctimas y la reacción de la justicia frente a las que efectúan una denuncia.

¿Piensa usted que si la historia de las mujeres desarrollara estos temas, tendría consecuencias sobre la forma en que viven las mujeres la violencia hoy en día?

Sí. Es útil tomar conciencia de que lo que a una le pasa no es único, en la medida en que también existe una dimensión compartida, colectiva, escondida. Las mujeres necesitan inscribirse en el tiempo, en el largo plazo, pensar que tienen una historia, para lo bueno y lo malo. ¿Cómo vivían mi madre, mi abuela, qué me han transmitido, qué soportaron pero también realizaron? ¿Cómo vivían las mujeres de otros lugares?

¿Cómo explica usted que el feminismo tenga tan mala fama en Francia, incluso entre las mujeres? ¿Está acaso relacionado con la ignorancia de las mujeres sobre su propia historia y el papel del feminismo en la conquista de la igualdad de derechos?

La Liberté guidant le peupleLa Libertad guiando al pueblo, de Eugène Delacroix (1798-1863). En Francia, el símbolo de la República es una mujer. Las mujeres siempre han participado de forma activa en todas las revoluciones, aunque se las aparte después.

El feminismo tiene mala fama en todas partes porque va contra el orden establecido, tan marcadamente patriarcal. Pero es cierto que en Francia está especialmente denigrado o, aún peor, se niega su propia existencia, como algo incompatible con el "temperamento" de las mujeres francesas. Y es que el modelo nacional de relaciones entre los sexos está basado en la idea de "dulzura de vivir", hecha de cortesía, galantería, incluso de viril socarronería hacia unas mujeres "amables", agradables y complacientes. Los "grandes hombres" del Panteón contrastan con las "pequeñas mujeres" de París: el modelo de pareja ideal. En Francia, no hay guerra de sexos. Toda puesta en tela de juicio de esta regla del juego cultural se vive como una agresión, un golpe bajo de un feminismo venido de fuera, americano sobre todo, y carticaturizado.

Por otra parte, la imagen de la pareja feliz y complementaria, la idea de la seducción está tan arraigada en Francia que muchas mujeres no tienen ganas de oponerse a ella, de ser tachadas de "feministas", es decir, reivindicativas, poco femeninas precisamente. Muchas jóvenes, olvidando las luchas del pasado, dicen de buena gana "no soy feminista, pero... ". Ello significa que quieren desmarcarse de un feminismo a ultranza, aunque reconocen que algo le deben en el fondo.

Este complejo feminista (o antifeminista) conlleva el olvido del feminismo. La mejora de la "condición" de las mujeres, el progreso hacia una mayor igualdad serían así tan sólo el fruto de la modernización científica (la píldora, por ejemplo) y política (gracias a la democracia), olvidando por completo que fueron necesarias muchas luchas para acabar con los obstáculos. A las mujeres les cuesta mucho constituir su memoria, operar una transmisión. El papel de una historia de las mujeres, además de su exigencia de verdad, es también luchar contra la marea del silencio, que siempre vuelve.

¿Qué piensa usted de la época actual en Francia y en el mundo?

Ha habido progresos decisivos: trabajo, libertades privadas, igualdad de formación y acceso a las profesiones, comienzo de la paridad en la política, aparición de nuevos campos, desde la creación al deporte de alto nivel, etc. Pero cuando se mira de cerca, se constatan resistencias, desigualdades flagrantes (paro, trabajo a tiempo parcial, familias monoparentales en realidad femininas y pauperizadas, etc.) y sectores elitistas que resisten a las mujeres. Sobre todo a nivel mundial, existen regresiones nacionalistas, brotes de integrismo religioso, de los que las mujeres son siempre víctimas.

Es cierto que existen brechas en todas partes. Incluso las propias africanas están luchando contra la excisión, tanto en Francia (ha habido un juicio recientemente) como en África. En India, cada vez hay más mujeres luchando contra las discriminaciones de las que son víctimas. Y lo mismo ocurre en Japón, en América Latina. Los modelos de feminidad moderna y democrática se extienden por todo el mundo.

Las resitencias están a la altura de este movimiento porque la emancipación de las mujeres asusta a los hombres, que se aferran a sus poderes, personales en la familia, o políticos en la esfera pública. Toda vuelta al orden pasa primero por imponer silencio a las mujeres. De ahí la fuerza simbólica de las mujeres veladas.

Para usted, la indiferenciación sexual de los hombres es la causa de la violencia o represión ejercida sobre las mujeres y su emancipación. ¿Por qué?

La Danse à la villeLa danse à la ville (1883) de Auguste Renoir. A través de la historia de las mujeres, también se escribe la del hombre y la relación entre los sexos.

En el fondo, para los hombres, el Otro es la mujer. Sin ella, ¿que serían la virilidad y la dominación? Tanto en la vida práctica como en la vida simbólica o el poder. Puede decirse que el poder masculino no existe sino gracias a aquéllos a los que domina, es decir, una mayoría de mujeres. En la familia también. A los hombres les da mucho miedo ver a mujeres que han dejado de serlo en el sentido tradicional.

Esto asusta menos a las mujeres, ¿por qué? Porque tienen menos problemas con su feminidad, la viven, se sienten mujeres y quieren seguir siéndolo a condición de ser iguales. La igualdad en la diferencia tal vez sea la gran reivindicación actual.

Por otra parte, también hay que observar que cada vez más hombres están cansados del modelo viril. Existen hombres "dulces" que se distancian de la sobrevirilización de la competición, del dopping, del éxito a cualquier precio. ¿Acaso no existen otras formas de afirmación de sí mismo, de relación con los demás, de ciudadanía cotidiana? Resulta sin duda más fácil en los sectores relativamente acomodados y sobre todo cultos. Es más difícil en los sectores desfavorecidos en los que, para afirmarse, hay que dominar a los allegados, vecinos o parientes; y ante todo a las mujeres, que puden ser objeto de violencia cotidiana.

¿Es una aportación del feminismo el que los hombres puedan liberarse del modelo viril?

Sería una consecuencia totalmente positiva del feminismo. En el campo de las ciencias humanas, las investigaciones sobre la virilidad análogas a los "gender studies" americanos, se están desarrollando en sociología y sobre todo en historia. Hay historiadores que trabajan sobre los hombres violentos, la violación, la historia del servicio militar, los ritos de la masculinidad, etc. Es un campo nuevo que indica una reflexión nueva.

¿El que las mujeres se conviertan en sujetos hace que los hombres se replanteen su identidad?

Sí, porque ello supone que las identidades sexuales no son naturales e inalterables, sino moldeadas por la cultura y la historia. Hay una historicidad de la relación entre los sexos qui puede ser liberadora para cada cual, hombre o mujer, libre de construir su identidad en la que el sexo, después de todo, tan sólo es un elemento.

Podríamos dar la vuelta a la fórmula de Simone de Beauvoir ("Una no nace mujer, se convierte en ello"). Se nace hombre o mujer. El cuerpo entra inmediatamente en una red de significados de los que hay que desembarazarse para no quedarse atrapado. Tal vez desconozcamos nuestro cuerpo y debamos descubrirlo e inventarlo de nuevo como si fuera el primer día de la creación. Y la persona está más allá del cuerpo.

Declaraciones recogidas por Anne Rapin

 

Selección bibliográfica

  • Les femmes ou les silences de l'histoire, de Michelle Perrot, ed. Flammarion, París, 1998.
  • L'histoire des femmes en Occident, de l'Antiquité à nos jours, dirigido por Michelle Perrot y Georges Duby, 5 volúmenes, ed. Plon, París, 1991-92., ed. Laterza, Roma, 1989-91. Traducido al alemán, coreano, español, holandés, inglés, japonés, portugués.
  • Femmes publiques, diálogo entre Michelle Perrot y Jean Lebrun, Textuel, París, 1997.
  • Une histoire des femmes est-elle possible?, dirigido por Michelle Perrot, ed. Rivages, París, 1984.
  • Le génie féminin, de Julia Kristeva, ed. Fayard, 3 volúmenes: Hannah Arendt, 1999, próxima publicación: Mélanie Klein, Colette.
  • Un siècle d'antiféminisme, de Christine Bayard, ed. Fayard, París, 1998.
  • Les femmes et leur histoire, de Geneviève Fraisse, ed. Gallimard, col. Folio, París, 1998.
  • Masculin-Féminin, la pensée de la différence, de Françoise Héritier, ed. Odile Jacob, París, 1996.
  • Les mots des femmes, essai sur la singularité française, de Mona Ozouf, ed. Fayard, París, 1995.

 

Sexismo y medios de comunicación

Una mujer para cinco hombres: ésta es la proporción que se da en la prensa de información en Francia. Es decir que el 17% de las personas citadas son mujeres. Por supuesto, debido a las desigualdades de la sociedad, las mujeres están menos representadas que los hombres en la prensa, que privilegia la actualidad del poder. Es cierto, pero los medios de comunicación no se limitan a reflejar la realidad: refuerzan la marginalización de las mujeres a través de la representación que dan de ellas. Es lo que demuestran los cuatro estudios que componen el libro publicado por la Asociación de Mujeres Periodistas (AFJ), Dites-le avec des femmes, sobre el lugar de la mujer como sujetos y participantes de la información en Francia.

Este estudio en profundidad revela que se combinan varios mecanismos para silenciar la voz de las mujeres en los medios de comunicación. Como sujetos de la información, se presenta a las mujeres, mucho más a menudo que a los hombres, como víctimas (1 de cada seis mujeres, frente a 1 de cada 14 hombres), sin profesión (1 de cada 3 mujeres, frente a 1 de cada 10 hombres) y anónimas (1 de cada 3 mujeres, frente a 1 de cada 7 hombres). Además, aparecen a menudo desnudas en las fotos.

Si las mujeres consiguen vencer estos obstáculos, surge entonces el problema de la lengua, que suele hacerlas invisibles al designarlas con el masculino. Se utilizan con ellas estereotipos, tópicos, fácilmente degradantes, que insisten en su apariencia física.

¿Y qué podemos decir de las mujeres periodistas? Representan el 40% de los periodistas, pero están peor pagadas y en una situación más precaria que sus colegas, y tan sólo ocupan el 10% de los puestos de dirección. Al tener menos poder, tienen menos libertad para transmitir sus temas y sus preocupaciones.

El resultado es que las lectoras son poco aficionadas a la prensa diaria porque no se reconocen en ella. Y aunque les gusta leer las revistas femeninas, sienten que no hablen más de la actualidad política y social. Aviso a los directores de prensa: se trata de nuevo un filón.

Monica Valby
Periodista

Dites-le avec des femmes, le sexisme ordinaire dans les medias, de Virginie Barré, Sylvie Debras, Natacha Henry, Monique Trancart. Prefacio de Benoîte Groult, ed. CFD/AFJ, París, 1999.

Pedido: 69 francos + 12 francos de porte, CFC, 7, rue des Petites-Ecuries, 75010 París. E-mail: cfd@globenet.org

 

La ciencia en masculino plural

La investigación, esencialmente desarrollada por y para hombres, se priva de toda una visión del mundo.

"Necesitamos urgentemente a mujeres en la investigación. Los hombres no pueden representar el 90% de la capacidad de imaginación que ésta supone", subrayaba Federico Mayor, director general de la Unesco, al publicarse el Informe Mundial sobre la Ciencia, en 1996. Un tema considerado tan importante que la obra dedicaba un espacio considerable a la forma en la que "las culturas y prácticas científicas condicionan las relaciones sociales entre los sexos, y viceversa." En efecto, ya se trate de ciencia, ingeniería o nuevas tecnologías, las mujeres brillan... por su ausencia.

Es cierto que, en Francia, la época -1911- en la que la Academia de Ciencias se negaba a recibir a Marie Curie, Premio Nobel de Física, queda muy lejos. Sin embargo, aunque el 56% de los estudiantes de la enseñanza superior son mujeres, éstas tan sólo representan el 27,7% del profesorado universitario.

Igualmente, apenas un tercio de los contratados por el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) son mujeres. Por último, aunque la proporción de ingenieras ha pasado del 3 al 15% en treinta años, la cuota de las que alcanzan los puestos más elevados sigue siendo ínfima. ¿Obstáculos familiares, sociales, miedo al fracaso? Es difícil saberlo. Lo cierto es que un estudio realizado por dos investigadoras en Suecia, país de la igualdad sexual donde los haya, ha demostrado que, para ser reconocidas, las mujeres deben ser 2,5 veces mejor que los hombres: para conseguir una beca de postdoctorado, deben publicar 2,5 veces más de artículos.

Esta escasez de mujeres en el sector científico plantea un verdadero problema social y económico, y amenaza con desequilibrar el ejercicio de la ciudadanía. Por otra parte, y como subraya la Unesco, en la medida en que las mujeres "están excluidas de la definición de los grandes objetivos científicos y tecnológicos, el conocimiento que una cultura posee de la naturaleza refleja de forma desproporcionada los centros de interés, las necesidades y esperanzas de la fracción masculina de la población". Cabe preguntarse: si las mujeres consiguieran imponerse, ¿cambiaría el saber? Sin duda. Pero faltan estudios sobre el tema. ¿Acaso no interesa a los investigadores?

Florence Raynal
Periodista

 

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